Marjane Satrapi

Marjane Satrapi, novelista gráfica, directora y revolucionaria

“La libertad es un estado mental, no se puede robar”

Érase una vez, una niña que quería ser profeta.
Esta niña, alegre y risueña era amada por su familia, criada y educada en un ambiente laico y progresista. La pequeña estudiaba en el liceo francés de su querida ciudad natal, Teherán.
Un día su mirada se tornó gris pero siempre mantuvo los ojos bien abiertos, a contracorriente del consejo de su abuela, consumidora de opio, que le aconsejaba aprender a cerrar los ojos porque le ayudaría a encontrar marido más fácilmente.

La opresión y la represión llegaron a su pueblo de la mano de la guerra. Dos países enfrentados . Libertades restringidas y el adiós:

Adiós educación laica.
Adiós pelo al viento.
Adiós discos.
Adiós tío, asesinado por los “guardianes de la revolución”.
Adiós mejor amiga, sepultada por una bomba en su propia casa.

“Nada es peor que decir adiós. Es un poco como morir «.

La niña, a la que ya no le quedaba infancia por vivir, jamás olvidaría el momento en que encontró el brazo de su mejor amiga entre los escombros. Por decisión de su madre y su padre fue enviada a continuar su formación a Austria.

Adiós Teherán.
Bienvenida adolescencia.

A los catorce años se vio sola, en Occidente y sin conocer el idioma. Pero esta joven (nunca más niña) viajaba con su tenacidad, su arrojo, y los consejos de la abuela:

«En la vida te encontrarás a muchos imbéciles. Si te hieren, piensa que es su estupidez la que los empuja a hacerte daño; así evitarás responder a su maldad, porque no hay nada peor que el rencor y la venganza. Mantén siempre tu dignidad, tu integridad y la fidelidad a ti misma»

Conoció la sociedad occidental, probó las drogas, practicó sexo y se educó alejada del fundamentalismo, pero nunca fue una joven más. Aquí la iraní, allí la occidental.
Marcada por el estigma. Señalada por la diferencia. La joven de ojos grandes, pelo azabache cayó en una profunda depresión a su regreso a Teherán. Quiso decir adiós, también, a su propia vida, una vida con más experiencias que años vividos.

“Finalmente entendí lo que mi abuela quería decir. Si no me sentía cómoda conmigo misma, nunca estaría cómoda «.

Esta joven, que de niña quiso ser profeta, ingresó en la facultad de Bellas Artes de Teherán, donde las modelos llevaban chador y se pedían trabajos sobre los mártires de la revolución.

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Y voló.
En 1994 voló a Estrasburgo donde se adentró, de la mano de un círculo de profesionales, en el mundo del cómic y la novela gráfica convirtiéndose ella, que una vez quiso ser profeta, en la novelista gráfica iraní de mayor renombre de la historia y una de las francófonas más influyentes, con su biografía (repartida en cuatro tomos, que había mucho que contar), Persépolis. Solo dos colores cuentan su historia, para no teñirse de sangre.

La joven creció, escribió, dibujó y hasta debió cerrar un poco los ojos, como decía su abuela, porque se casó dos veces.
Hoy reside en Francia, su mujer (como dice ella) pero siempre tendrá en el corazón a Irán, su primer amor.

Esa joven, hoy convertida en mujer, es Marjane Satrapi: la dama del cómic, directora de cine y revolucionaria.

“La cultura y la educación son las armas letales contra todo tipo de fundamentalismo «.

Trailer Persépolis

Marjane Satrapi y Persépolis en la prensa