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Jane Goodall, la científica que soñó más allá de lo que podía alcanzar

Jane Goodall, amante de los animales, África y la naturaleza, lleva más de 50 años dedicada al estudio de los primates. Primatóloga, etóloga y antropóloga, Jane Goodall ha dedicado su vida al estudio del comportamiento de los chimpancés y a la conservación de la especie. Aún hoy, 55 años después, y ostentando el título de haber realizado uno de los estudios más largos de animales en libertad. Jane Goodall sigue descubriendo los secretos de los primates y revelándoselos al mundo, con la misma ilusión de hace más de 50 años. 

«Lo que tú haces siempre ocasiona un cambio, y lo que tienes que decidir es qué clase de cambio es el que quieres producir.»

Recuerda con cariño el regalo un juguete de un mono que despertó su curiosidad siendo una niña. Su primera observación en la naturaleza fue la de una gallina poniendo un huevo. Años más tarde, una joven Jane Goodall se plantó en Kenia, con la clara convicción de observar y trabajar con animales. Comenzó como secretaria pero poco después, demostrando coraje y empeño, le enviaron a Gombe donde comenzó el estudio de la comunidad de chimpancés en la que permanece en la actualidad.

¿Qué le dirías a una niña que, como yo, quiere ser científica?

Los resultados de sus investigaciones revolucionaron el mundo de la ciencia, no sin poner patas arriba sus cimientos. 

Jane Goodall no tenía estudios cuando se dispuso a observar a los primates, empujada por la pasión se adentró en un mundo tan atractivo como desconocido. En numerosas ocasiones Goodall afirma alegrarse de no haber ido a la universidad puesto que su percepción estaría sesgada, se decía que los primates no sentían emociones. Años después, se doctoró en la Universidad de Cambridge (sin licenciarse).

Fue la primera en poner nombres a los sujetos observados y a estudiarlos también de manera individual y no solo en colectividad, acciones que le llevaron a recibir numerosas críticas, incluso a desmerecer e invalidar sus investigaciones. Hasta ese momento, a los sujetos que estaban siendo observados se les numeraba en lugar de «bautizarlos» para no establecer ningún tipo de vínculo con ellos. Ella lo hacía para diferenciar las diferentes personalidades de cada uno de ellos, cosa que no sentó muy bien a los  académicos. En la actualidad, esta práctica se ha normalizado.

Durante mucho tiempo creyó en la bondad de los chimpancés, por encima de las personas:

«Durante los primeros diez años del estudio había creído […] que los chimpancés de Gombe eran, en su mayor parte, más agradables que los seres humanos. […] Después hallamos que los chimpancés pueden ser brutales— que ellos, como nosotros, tenían un lado oscuro en su naturaleza». Jane Goodall

Sin embargo descubrió una naturaleza brutal de persecución a primates de menor tamaño, violencia e incluso canibalismo en pro de la conservación del estatus y la dominancia. Se enamoró de su naturaleza agradable, cariñosa y juguetona y no ha dejado en ningún momento de sorprenderse con sus avances y similitudes con la especie humana. 

Los estudios de Goodall llevaron a reconsiderar aquello que se decía de que la diferencia entre las personas y los primates es que las primeras aprendieron a utilizar herramientas porque… los primates también se valen de ellas en su día a día, como nuestros primeros antepasados.

Jane Goodall ha cambiado las bases y la metodología. Ha establecido paralelismos entre los chimpancés y la raza humana asombrosos.

Actualmente ha cambiado la selva por la jungla de asfalto para concienciar a la sociedad del exterminio que sufre el reino animal en nombre del progreso. 

«Los chimpancés, gorilas y orangutanes han vivido miles de años en su bosque, viviendo vidas fantásticas, en entornos donde reina el equilibrio, en espacios donde nunca se les ha pasado por la cabeza destruir el bosque, destruir su mundo. Diría que han tenido más éxito que nosotros en cuanto a estar en armonía con el medio ambiente».