Bizenta Mogel Elgezabal, Colendario 2019, abril - Co Studio
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Bizenta Mogel Elgezabal, Colendario 2019, abril

Bizenta Mogel Elgezabal (1782-1854) fue la primera escritora en euskera de la historia, en un tiempo en que se calcula que el 85% de las mujeres eran analfabetas.

Bizenta Mogel fue una adelantada a su época. Una época en la que las mujeres no eran consideradas personas de pleno derecho y siempre actuaban bajo la sombra de la tutela de un hombre, el más cercano en parentesco. Hasta el punto de que, cuando Bizenta enviudó, la herencia fue a parar al pariente varón más cercano, en este caso un sobrino. Bizenta litigó para acabar con esa injusticia y disfrutar de lo que, por derecho, era suyo.

Pero esto es, casi, el final de la historia, volvamos al comienzo.

Bizenta Mogel quedó huérfana a temprana edad y fue su tío, también escritor y sacerdote quien se encargó de su tutela, manutención y educación. Fue él quien le enseñó a leer y escribir en castellano, euskera y latín. Él mismo, que le dio las herramientas necesarias para convertirse en la mujer que fue, dudaba de la formación que le estaba dando, demasiado para una mujer, llegando a afirmar en algunos de sus escritos, que no le enseñaba todo lo que ella demandaba.

Se decía de Bizenta que tenía una mente excepcional, destacando su inteligencia por encima de sus coetáneos. No es de extrañar esta afirmación pues, con solo 22 años, publicó la traducción y adaptación de las fábulas de Esopo, convirtiéndose, en ese momento, en la primera escritora en euskera de la historia, dando a luz (dicen que no tuvo hijos, pero nosotras nos imaginamos estos “Cuentos buenos” como su pequeño retoño) al primer libro de literatura juvenil e infantil en lengua vasca. 22 años… y nosotras, con los 30 (bien) pasados a veces (pocas, muy pocas) dudamos entre b-v, g-j, con h-sin h 🙂

“Charlotte Bronte, que publicó”Jane Eyre”, envió sus poemas a un prestigioso poeta para que le diera su opinión. Este le respondió que no le faltaba talento, pero que una mujer no debería dedicarse a escribir y mucho menos a publicar”. Zumalakarregi Museoa 

 

En esta época, a caballo entre el siglo XVIII y el XIX, muchas mujeres utilizaban pseudónimos para ver sus obras publicadas  , muchas de ellas han llegado hasta nuestros días bajo el manto de esta leyenda urbana, como es el caso de las hermanas Bronte, Mary Shelley (hoy día hay gente que no sabe que Frankestein fue escrito por una mujer) o la mismísima J.K. Rowling, a la que se le recomendó (sí, a finales del siglo XX) que buscara un pseudónimo masculino o neutro.

Tanto es así que, ella misma, se disculpa en el prólogo de su libro Ipuin Onac porque considera que, a muchos, les espantará ver el nombre de una mujer firmando la adaptación de un clásico, un lugar que, sabe, no le corresponde. Porque, como hemos comentado, el lugar de la mujer estaba a la sombra del hombre, encargándose del puchero o de la costura, pero no de las artes y la cultura. No, al menos, como parte activa y creadora.

Ipuin Onac es el título que Bizenta Mogel escoge para la traducción de estas fábulas (este no fue el único libro que publicó pero sí el más famosos por ser el primero). No es un título al azar, pues ella considera éstos, los cuentos buenos. La escritora reniega de los cuentos populares y su objetivo, a través de las fábulas, no es el mero entretenimiento si no la didáctica desde una perspectiva moral: transmitir los valores tradicionales y eclesiásticos a jóvenes y campesinos. No es de extrañar que, a pesar de haberse convertido en una mujer, en muchos aspectos, adelantada a su época, se dejara llevar por la visión tradicional y paternalista de los caballeritos de Azkoitia. Su cuna era aristocrática, gente de bien y de posibles, creadores de cultura y formadores de pensamiento e ideologías, tradicionales, eso sí. Y no se nos puede olvidar que, a esta gente de bien, sea cual sea la época, siempre les ha gustado dejar las cosas como están, no sea que sus cómodos sillones se tambaleen con una revolución.